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Este es un lugar donde me expreso libremente y comparto con todo el que quiera mis inquietudes.



lunes, 25 de junio de 2018

La protesta ciudadana como acción política: Pedro Oliver y Jesús Urda


Son momentos convulsos donde la ciudadanía está tomando las calles, de la indignación pasiva se ha pasado a la acción, la protesta como forma de acción política está siendo cada vez más protagonista en la sociedad española. Un texto que nos puede servir para comprender mejor este tipo de acciones es el de Pedro Oliver y Jesús Urda: Protesta democrática y democracia antiprotesta. Los movimientos sociales ante la represión policial y las leyes mordaza (Ed. Pamiela, 2011).
Unas de las repuestas que dan gran parte de la ciudadanía a la hora de ir a una manifestación o concentración, o acto de repulsa, es la de: “si no sirve para nada”, “a los que tienen el poder les damos igual”, “para qué, da igual”. Pues tal como nos muestran los autores de este libro, así como diferentes investigaciones académicas o informes de organizaciones sociales, no da igual, al contrario sí que contribuyen al cambio de las sociedades, tal vez no de un modo rápido, pero ponen las raíces, las bases, para que las sociedades evolucionen y cambien para mejorar la convivencia humana y la cohesión social sea más intensa. Que sería de la humanidad si no se hubiera cuestionado el statu quo, estaríamos a años luz de donde nos encontramos.
Si los trabajadores, las mujeres, los políticos, los sindicalistas, los ecologistas, los pacifistas, los homosexuales, etcétera, se hubieran quedado en sus casas y hubieran aceptado las costumbres y las normas existentes en su época, seguirían explotados, sometidos, repudiados, maltratados, cuestionados, encarcelados… La protesta es necesaria para que la democracia avance y sea fuerte; la protesta es conflicto, claro que sí, pero necesario, es positivo para la ciudadanía.
Pedro y Jesús abordan en el texto las acciones llevadas a cabo por los movimientos sociales y cómo el Estado produce normas legales para combatirlos y reprimirlos, en concreto en nuestro país analiza las leyes conocidas vulgarmente como Corcuera y Mordaza. Centrándose en esta última por ser una ley: anti 15-M, anti-PAH, anti-25-S, anti-Greenpeace, anti huelgas y anti-FEMEN. Seguramente que como no se reforme la Ley Mordaza, tal como se ha comprometido el nuevo Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, será también anti-mujeres y anti-pensionistas.

viernes, 25 de mayo de 2018

Un mundo de utopías y realidades: Joaquín Estefanía


Una de las características básicas de las sociedades humanas es el cambio permanente, la evolución, unas veces hacia adelante, otras hacia atrás, nunca ha estado estable, aunque así lo pareciese, pues debajo de la punta del iceberg hay movimiento. Las utopías y las realidades han ido de la mano, la mayoría de los individuos han creído siempre en un mundo mejor, dedicando parte de su vida en construirlo; sin embargo, la distancia de ese mundo ideal con las realidades sociales ha sido, desgraciadamente, muchas de las veces demasiada amplia.  
Los sueños, sueños son, pero las utopías no son sueños, son ideales que pueden ser posibles. Pues bien en los últimos 50 años las sociedades occidentales han contado con varias revoluciones para construir sus mundos ideales. En el lado izquierdo nos encontramos fundamentalmente con: Mayo del 68, el movimiento antiglobalización y los movimientos de ocupación de las calles (15-M, OWS). En el lado derecho están las revoluciones conservadoras de: Reagan, Thatcher, Bush (I, II) y Trump. Los primeros, pensando en la comunidad, en los ciudadanos, en la sociedad; los segundos, en el individuo y sus intereses personales o de las élites económicas.
Estas revoluciones han sido analizadas de una manera rigurosa y profunda por Joaquín Estefanía, en su libro: Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía (1968-2018), publicado hace unos meses. Describe la evolución de Occidente desde la 2ª Guerra Mundial, con el pacto social para construir el Estado del Bienestar, pasando por las diversas revoluciones sociales y económicas, hasta llegar a la época actual donde, según unos hace falta un gran cambio social donde se ponga el acento en lo social, y según otros no hay otra alternativa que la individuación (Thatcher: “No hay alternativa. La sociedad no existe, solo existen los individuos. Solo son pobres los que quieren serlo”). Unos, piden más Estado del Bienestar, otros, mayores recortes sociales y más libertad económica.
En ese péndulo histórico y revolucionario nos encontramos constantemente, cuando parece que la balanza se inclina para uno de los lados, hay algo que la hace balancearse para el otro. Estefanía finaliza su texto concluyendo que: “Actualmente asistimos a una Revolución conservadora y populismos de extrema derecha, que amenazan con llevarse por delante muchas de las conquistas civilizatorias de este tiempo”. (p. 317)… “Hay que volver a reivindicar el valor del contrato social democrático (los derechos que proporcionan las libertades y el Estado del Bienestar), adaptado a unas sociedades que son menos homogéneas y mucho más complejas que las de los años sesenta del siglo pasado”. (p. 323)
Aun estando de acuerdo con él, en estos momentos soy muy pesimista sobre el futuro de la sociedad occidental y del planeta, tengo la sensación de que los tiempos que vienen van a estar dominados por fuerzas muy extremistas que solo piensan en tener más y más poder, para acumular más riquezas y decidir entre unos pocos la vida de la gran mayoría de la población. Nos dejan soñar, pero la realidad es la que es.

miércoles, 16 de mayo de 2018

La acción política puede ser muy frustrante: Almudena Grandes


Las buenas personas que se comprometen en la acción política tienen mucho que perder y poco que ganar, sobre todo si se desenvuelven en la alta política, la que toma decisiones de amplia repercusión internacional. Esta sería una de las reflexiones a las que me ha llevado la novela de Almudena Grandes: Los pacientes del doctor García.
Un texto que se encuadra en sus “Episodios de una guerra interminable”. En esta ocasión nos habla de cómo los españoles que perdieron la guerra fueron olvidados, ya lo habían sido durante el conflicto, por los países occidentales y por las instituciones internacionales. No sólo no se les ayudó y se les ninguneó, sino que se protegió al dictador, favoreciendo a su vez la ocultación de criminales de guerra.
La mezcla de ficción e historia me seduce, me interesa cómo se confunden las líneas, donde muchas veces nos sabes cuál es la realidad, vamos, como la misma realidad en la que vivimos, siempre andamos un poco confusos, mucho más en la época de la posverdad que estamos viviendo en estos momentos.
Almudena Grandes es una persona muy apreciada por mí por varias cuestiones, sobresaliendo su interés permanente en que no olvidemos nuestra historia más reciente, su papel social aquí es fundamental. No podemos, no debemos, olvidar a las mujeres y hombres que lucharon, dieron su vida por los ideales de la libertad y la igualdad, para un mundo en paz. Ese homenaje continuo que hace la escritora es necesario para poder seguir avanzando y creyendo en esos ideales. Desde aquí mi más profundo cariño y afecto.

viernes, 27 de abril de 2018

Izquierdas y derechas ideológicas, claro que hay diferencias


A lo largo de la historia de la humanidad siempre ha habido diferencias sobre cómo abordar la vida en común, los sentimientos egoístas han convivido con los de solidaridad y de apoyo mutuo, triunfando los segundos, pues sino no estaríamos ahora donde nos encontramos. La dicotomía entre que el hombre es bueno por naturaleza (Rousseau) y el hombre es el lobo del hombre (Hobbes), ha sido un discurso que llevamos ya unos siglos escuchando y debatiendo, en unos momentos la historia se inclina hacia un lado o hacia el otro. Es a partir de la Revolución Francesa cuando se empieza a distinguir entre izquierda y derecha, lo que en un principio fue una simple cuestión de emplazamiento, con el tiempo ha supuesto una diferencia de valores entre unos y otros.
Acabo de terminar de leer tres textos excelentes: Derecha e izquierda, de Norberto Bobbio (1995); La ideología y la práctica. La diferencia de valores entre izquierda y derecha, de Francisco Herreros (2011); y, Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía (1968-2018), de Joaquín Estefanía (2018). En ellos podremos encontrar los valores que definen a las izquierdas de las derechas, que lo hay, a pesar de que algunos quieren hacernos creer que ya no hay ideologías, que dan igual unos que otros o que el mundo deber ser dirigido por los que tienen mayor talento, ya que la naturaleza y la sociedad los ha preparado para ello. Pues no, me niego a seguir ese discurso, que por cierto es de derechas.
Las personas de izquierdas defienden una sociedad más igual y solidaria, siendo su mayor ideal la libertad; se preocupan del bien común, de los que menos tienen, intentan construir un mundo en paz y, últimamente, cuestionan el crecimiento económico insostenible en el que habitamos propugnando unas políticas defensoras del medio ambiente. Otra cuestión son los partidos que llaman de izquierdas, donde puede haber muchas políticas que no tengan en cuenta esos valores, o individuos que no los contemplen en sus comportamientos, velando solo por sus intereses.
Las personas de derechas también tienen sus valores, tales como la libertad, pero entendida como que una persona ha de ser libre sin ser obstaculizada por otros individuos, considerando al Estado como su principal enemigo, sobre todo quieren ser libres, no tener ataduras, en el mercado económico. Consideran que la desigualdad es innata al género humano, que hay una selección natural que nos hace desiguales y que los mejores son los que ocupan los altos puestos del poder. Se postulan a favor de las tradiciones, en contra de los cambios, principalmente en lo que afecta a la propiedad privada.
En las revoluciones del último medio siglo, Estefanía da luz a estos valores, tanto los de derechas, como los de izquierdas. Donde unas veces la balanza se inclina hacia un lado, otras hacia el otro. En estos momentos de globalización las derechas van avanzado destruyendo todo lo construido en los dos últimos siglos, siempre han estado al acecho, son incansables, tienen muchísimos medios y controlan las instituciones más poderosas.
Sin embargo, cuando parece que está todo perdido, aparecen los valores de las izquierdas. Estos días estamos asistiendo a ello con las personas mayores reclamando unas pensiones justas, basadas en la solidaridad intergeneracional; las mujeres han dicho basta ya a los valores patriarcales y violentos contra ellas; en los parlamentos políticos hay alternativas a los partidos políticos clásicos; en las universidades se empiezan a sacudir las alfombras; o, periodistas jóvenes sacan a la luz informaciones que desvelan la corrupción de los políticos, los empresarios, los catedráticos o los jueces.
Vuelvo a sentir que por mis venas corre sangre roja, soy de izquierdas. Claro que sí.

domingo, 1 de abril de 2018

Ruta celta-jacobea: puentes de comunicacion y luchas para resolver conflictos (III)

La ruta de este año (Desde EL Burgo de Ranero hasta Astorga) ha sido por lugares totalmente agrícolas, con muy poca población, con unas casas muy sencillas y gentes muy acogedoras y amables; cada día me gusta más la gente de los pueblos, con su sonrisa, su simpatía o su tranquilidad en la vida cotidiana. Los informativos sobre el tiempo nos decían que iba a haber lluvia y nieve, sin embargo al final no han acertado, hemos podido disfrutar de unos días de paseo por la naturaleza y de las urbes por donde hemos pasado; eso sí, con frío y viento. Las estribaciones de la Cordillera Cantábrica estaban preciosas, completamente nevada; los ríos y arroyos estaban plenos de agua; el páramo se encontraba desnudo, sus pocos arboles sin hojas, pelados, pero ya con sus frutos, el verde primaveral empieza a asomar en estas tierras.

Ha habido dos cuestiones que me han hecho reflexionar: los grandes puentes medievales y la lucha leonesa. Hemos atravesado dos enormes, uno en Puente de Villarente y otro en Puente de Órbigo, el primero con 20 ojos, el segundo con 19 vanos. Obras que nos hablan del esfuerzo de los individuos para poder facilitar su paso a otras comunidades, favoreciendo así la comunicación con otros pueblos, otros vecinos. La humanidad siempre ha tenido la necesidad de establecer relaciones con otras personas, somos sociables por naturaleza, lo llevamos en nuestros genes. Si hiciéramos más puentes entre las personas para entendernos seguro que no habría tantos conflictos, como los que hay en estos momentos en el mundo.

La lucha leonesa es entre dos hombres con una tela que les rodea la cintura y el objetivo final es que uno tumbe al otro, parece que sus antecedentes tienen que ver con la fórmula para solucionar conflictos entre los pueblos por límites de terreno u otros aspectos. Ello me ha hecho pensar que ya que el “proces” no acaba de solucionarse con puentes de diálogo, esta podría ser una buena forma, que hubiera una lucha leonesa entre Rajoy y Puigdemont, a ver si así salíamos de este esperpento “nacionalista”. O bien, como dirimían por aquí los caballeros sus lances, a caballo y con lanza. Me he imaginado a esos dos políticos en lucha leonesa y a caballo con lanza en ristre. El lugar podría ser debajo del puente que se erige en el Puente de Órbigo, el espectáculo podría durar varios días o ser retransmitido por las redes sociales.

Como no podía ser de otra manera, he disfrutado de la gastronomía local, especialmente de la cecina, el cocido maragato y el chocolate de Astorga. Delicioso.

La lectura escogida este año ha sido: Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía (1968-2018), de Joaquín Estefanía. Me está pareciendo muy interesante, soy actor (activo/pasivo) y sufridor de esos años de revolución. Qué efímero que es todo y algunos se creen que van a pasar a la historia, ay qué gracia, qué risa me da.

domingo, 25 de marzo de 2018

La decadencia de la universidad española: a propósito de la Universidad Rey Juan Carlos

Venimos asistiendo desde hace ya muchos años a la decadencia de la universidad española. La transición de una universidad elitista, a la que solo podían acceder unos pocos jóvenes, generalmente de familias acomodadas, a una universidad en la que podían estudiar todas las personas que quisieran, sin el sesgo económico o de clase, fue un paso que aplaudimos casi todos los españoles. Sin embargo, si el objetivo era de agradecer y suponía un adelanto que nos hacía más iguales a toda la población, favoreciendo así, en principio, la movilidad social, las formas en que se hicieron, y se siguen haciendo, no han sido las más adecuadas, pues las élites dentro de la universidad siguen teniendo mucho poder, e incluso las universidades al estar financiadas casi totalmente por las comunidades autónomas están sometidas al poder político de turno.
 
Las últimas leyes o normas legales relativas al funcionamiento de las universidades han sido clave para que esa decadencia entre en una fase de degradación máxima. Si a eso le añadimos la adaptación de la universidad española al Plan de Bolonia, mercantilizando la formación, las rígidas exigencias del Ministerio para acreditar a los profesores, la precariedad e incertidumbre de gran parte del profesorado, formación no adaptada a las futuras necesidades de la sociedad, másteres creados para financiar las universidades o aumentar los ingresos económicos de los profesores, etcétera, el escenario que nos sale es muy preocupante. Nadie se mueve, ni los profesores, ni los alumnos, ni las familias, ni los políticos, ni los sindicatos. Todos están quietecitos no vayan a salir en la foto, se queden sin trabajo, se les exija más a los alumnos o se queden sin sus prebendas de estatus o de interés particular.
 
Llevo casi medio siglo siendo actor en varias universidades, primero como estudiante, luego como profesor. He vivido y sufrido abusos de poder en todas ellas, no salvo a ninguna, por supuesto que la mayoría de las veces de esas élites dirigentes (rectores, vicerrectores, decanos, directores de departamento o catedráticos), todas (o casi todas) silenciadas y si alguna vez salían a la luz rápidamente se neutralizaban. Luchar contra el poder organizado es muy difícil. De todas las universidades por las que he pasado, donde he visto un poder autoritario y corrupto ha sido la que estos días, o meses atrás, está siendo visibilizada (gracias a un periodismo atrevido y riguroso, como es el del diario.es): la Universidad Rey Juan Carlos. Por cierto, me gustaría que alguna vez se hiciera un estudio en profundidad del negocio urbanístico que se hizo en los lugares donde se instaló esa universidad.
 
Ahora bien, si la universidad española está en decadencia y su futuro es muy preocupante para todos los actores que intervienen en ella, el poder abordar ese problema no sería difícil, pero la cuestión es que lo que está degradándose son la mayoría de las instituciones de este país, pero sobre todo: la política, la justicia, la economía o la Corona.  Si las instituciones no funcionan adecuadamente, no cumplen las funciones encomendadas las sociedades se desestructuran y el cambio es ineludible.
 

jueves, 22 de marzo de 2018

La incertidumbre es cada vez más cierta. Bauman: Retrotopía

Retrotopía es la obra póstuma del gran sociólogo Zymunt Bauman. Su tesis principal es que dada la incertidumbre existente en todos los ámbitos de la sociedad se está dando una mirada hacia atrás idealizando mundos pasados, perdidos o robados.
 
Bauman es un sociólogo que ha basado sus análisis sociológicos teniendo en cuenta no solo al gran abanico de teorías sociales, sino a las investigaciones empíricas más actuales. Ha sido un analista no teórico, fundamentando sus opiniones con datos contrastados. He leído parte de su obra y siempre me ha parecido una persona preocupada por la sociedad de la que formaba parte y trataba de encontrar formas para mejorarla, cuestionando lo que, para él, funcionaba mal, pero aportando escenarios posibles. Si es verdad, que en este último texto hay una permanente neblina de pesimismo, cuestión esta que cada día está más presente en la vida cotidiana de gran parte de la humanidad, sin embargo al final no tira la toalla y considera que aún estamos a tiempo de construir una sociedad más igualitaria, solidaria, integral… donde desaparezcan las suspicacias mutuas, los intereses contrapuestos, las rivalidades y los conflictos. Ahí es nada, la utopía de Tomás Moro vuelve a hacerse visible.
 
No obstante, antes de llegar a ello nos habla de que el proceso civilizador, que nos presentó Norbert Élias, no ha evitado que el ser humano siga siendo violento (por naturaleza), o como dijo Erving Goffman se ha dado suelta al animal que llevamos en nuestro interior. Nunca el ser humano ha sido tan violento como el actual, ni ha sido tan depredador de su propia especie. Es decir, la humanidad vuelve por sus fueros hobbesianos donde el hombre es el lobo del hombre. Violencia ilegítima y legítima: las guerras, los conflictos armados, los conflictos nacionalistas, la destrucción del planeta, el terrorismo suicida, el divorcio entre la política y el poder… es decir, una guerra de todos contra todos.
 
En Retrotopía aborda la vuelta a las tribus donde nadie tiene en cuenta a los otros, no se escuchan los unos y los otros, lo mío es lo válido, lo tuyo no me importa, además de que estás equivocado. Escenarios que se dan no solo a nivel global, nacional o local, sino también en lo más cercano a los individuos. La palabra progreso casi ha desaparecido, los miedos y los temores a un futuro incierto se hace cada día más palpable, hace herida en la mente de todos, pero sobre todo en la de los más jóvenes. Los millennials “son la primera generación de la posguerra que expresa un temor a retroceder (en vez de avanzar) en estatus social con respecto al alcanzado por sus padres” (p. 62).
 
Bauman nos cuenta como hay también una vuelta a la desigualdad, como el Estado del Bienestar está destruyéndose, lo que implica que la pobreza está aumentando, incluso en las sociedades más ricas; la riqueza la está acaparando un 1% de la población más rica. Ante ello el defiende como salida a la desaparición del trabajo una renta básica, ”ya que ésta promueve la inclusión en vez de la exclusión, y la solidaridad y las integraciones sociales en vez de la precarización de los vínculos solidarios y la división social” (p. 111).
 
Su análisis social no es muy positivo sobre las sociedades del futuro, pero insiste parafraseando al Papa Francisco en que: “si hay una palabra que tenemos que repetir hasta cansarnos es esta: diálogo” (p. 159). Pues eso, dialoguemos hasta hartarnos, que falta nos hace.
 
Se nos ha ido este gran sociólogo, esta gran persona, pero nos ha dejado una gran obra, esta última es la que a mí más me ha gustado. Podría convertirse en un libro de cabecera de los sociólogos.

lunes, 12 de marzo de 2018

Nueva monografía de Praxis Sociológica: abierto el plazo para participar



ANUNCIO PRÓXIMO NÚMERO

El próximo número monográfico de Praxis Sociológica (24/2019) va a tratar sobre ÉTICA Y PROFESORADO UNIVERSITARIO. Desde ya y hasta el 31 de octubre de 2018 está abierto el plazo para que toda persona interesada en participar con algún artículo lo pueda hacer a través de los cauces previstos en las Normas de Publicación.

martes, 6 de marzo de 2018

El teatro: una manera de vivir. José Luis Gómez y Miguel de Unamuno

Desde muy joven me he sentido atraído por el arte dramático, por unas cosas o por otras he tenido relación con él, muchas personas me han hecho que me enamorase de esa forma de expresarse, de sentir, de contar historias, de reír, de llorar…, en definitiva, de una manera de vivir.
 
Como muestra, un botón. El pasado fin de semana he asistido a la representación de la obra: Unamuno. Venceréis pero no convenceréis, interpretado por José Luis Gómez (por cierto, una de las personas que lograron enamorarme de esta manifestación artística). Desde el minuto uno hasta el final de la obra he disfrutado de todo lo acontecido en el escenario. La interpretación inigualable, la innovadora escenografía, el diálogo a través del cristal (de los tiempos) entre el actor y el catedrático, y la iluminación acogedora; todo ello en su conjunto se plasmó en armonía cuasi perfecta para que pudiéramos compartir y vivir esos momentos de análisis del pensamiento de Miguel de Unamuno.
 
Pensamiento a veces contradictorio, otras: clarificador, dubitativo, humano, idealista o filosófico, vamos como la mayoría de las personas que piensan lo que pasa en su alrededor, pero en su caso con una mayor profundidad y rigurosidad. Para mí lo más destacable es su paso de ser un hombre de izquierdas y antimilitarista, a apoyar el alzamiento militar franquista contra la legal y democrática República española; o su posible o no financiación económica a los franquistas; o la utilización tergiversada de su famosa frase relacionada con la necesidad de salvar la sociedad occidental cristiana, que fue tomada por Franco, parte de la Iglesia católica y sus secuaces para así atraer a gran parte de la población española a su causa; o el cuestionamiento del análisis histórico de lo vivido o interpretado.
 
Esta obra no solo me ha servido para aprender, conocer mejor a Unamuno, ver cómo es posible hacer arte con pocos medios o cómo sentir los pensamientos ajenos, sino que también me ha hecho ver, una vez más, cómo la cultura inteligente es capaz de hacerte reflexionar y actuar contra la cultura mediática de entretenimiento manipuladora, adormecedora y reaccionaria que está invadiendo las sociedades occidentales, haciendo de ellas úteros individualistas hedonistas o enardeciendo y volviendo a las tribus, donde lo mío es lo mejor que lo tuyo, yo estoy seguro y tú equivocado. El poder del teatro, y de las otras artes, puede contribuir a cambiar esa sociedad que nos quieren imponer.
 
¡Viva el teatro!

martes, 20 de febrero de 2018

Ideas mejor que ideologías. Global y local, urbano y rural

Prefiero las ideas a las ideologías: a propósito de un debate sobre lo global y lo local, lo urbano y lo rural.
Me siento muy bien oyendo a personas inteligentes debatiendo sobre los grandes problemas que tienen las sociedades, tanto a nivel local como global, en las ciudades y en los pueblos. No solo por las formas, que para mí son fundamentales en un debate, que fueron exquisitas, con un tono moderado, respetuoso y de compartir ideas, más que imponer las de unos sobre los otros, sino por el fondo, por las aportaciones, sugerencias, cuestionamientos, reflexiones en voz alta pidiendo la voz de los otros, es decir un escenario magnífico para poder enfrentarnos a los problemas, buscar soluciones y afrontar el futuro de una manera conjunta sin dejar a nadie en la estacada.
Fue en el Ateneo de Sevilla, participaron Lina Gálvez, Ignacio Urquizu y Jorge Díaz Lanchas. Un placer escucharles, oradores magníficos y analistas sociales excelentes. Sus intervenciones se centraron sobre lo global y lo local, lo urbano y lo rural, coincidiendo todos en que los análisis sociales deben hacerse con la mirada puesta en lo transnacional, pero sin olvidar lo local, pues la interdependencia de los fenómenos sociales está presente en ellos.
 
Lina Gálvez habló del “trilema” actual en el que conviven la globalización, el estado-nación y la democracia, y quien se está llevando la peor parte es la democracia, es decir, que para que funcione la globalización y los estados se protejan de los “otros” hay que disminuir el grado o nivel de democracia, o por lo menos eso es lo que está pasando, ¿debe continuar por ahí el camino?, o ¿se debe reconducir con menos globalización o con menos protección estatal?.
Otras ideas lanzadas por Urquizu eran las relacionadas con la segunda gran frontera mundial entre países, después de México y USA, que era la del Mar Mediterráneo con el Sur y el Este y sus consecuencias con el Oeste y el Norte; o la desertización de la España interior y la concentración de población y de recursos en la periferia y en pocos núcleos. La consecuencia inmediata en ambos casos son las enormes desigualdades sociales y económicas.
Díaz Lanchas abundó en esas ideas reflejando en datos muy concretos en cómo las desigualdades actuales van a ir en aumento sino se actúa convenientemente, desigualdades no solo en el mundo menos desarrollado, sino en el mundo rico.
El mundo está cambiando rápidamente, la acción política es prioritaria, sobre todo en grandes temas como las migraciones, las desigualdades sociales, la brecha económica, el empobrecimiento y la miseria de ciertos colectivos o el cambio climático, pero mucho me temo que como desde la sociedad civil no haya una respuesta contundente, la cosa  no pinta muy bien.