A finales del siglo XX los nuevos
movimientos sociales (feminismo, ecologismo, pacifismo, LGTBI) iban conformando
a las jóvenes generaciones y pintaban cielos multicolores, la utopía podía
alcanzarse o, por lo menos, tantearse, un mundo mejor era posible. Al mismo
tiempo, la globalización y el neocapitalismo aprovechaban las tecnologías
informáticas junto con el descontento o la desafección política, con las
miradas puestas en los intereses consumistas e individualistas de una gran parte
de la ciudadanía occidental, para montar unos escenarios ajustados a engordar
las arcas de los más poderosos. En ese entorno surgen individuos y diversos
grupos, unas veces organizados, otras no, que se oponen a ese modelo de vida (Claremont
Road; Reclaim the Street), y demandan más libertad de expresión y libertad de
prensa, ya que cada vez más los medios de comunicación estaban más controlados y
muchos ciudadanos veían recortadas sus libertades, así como el no sentirse representados
por los partidos políticos; entre esos movimientos destacaron: Anonymus,
Wikileaks y Hacktivistas. Hubo movimientos antiglobalización que se enfrentaron
a los grupos económicos y políticos mundiales, también surgieron las primaveras
árabes en Túnez y Egipto, el movimiento 15M, en España, Occupy Wall Street, en
USA y otros más en todo el orbe mundial.
Sobre ello hay muchísimos
documentos y análisis, acabo de finalizar dos de ellos: El kit de la lucha
en Internet, de Margarita Padilla (2012), y Utopías artísticas de
revuelta, de Julia Ramírez Blanco (2014). El primero de ellos se centra en
analizar Anonymus, Wikileaks y Hacktivistas; el segundo, lo hace sobre
Claremont Road, Reclaim The Street y la Ciudad del Sol. Ambos análisis nos
retrotraen a esos años de lucha e ilusión en los que se soñaba que era posible
poner las bases mínimas para que la ciudadanía pudiera intervenir en un nuevo
orden mundial, con una participación más directa y deliberativa, donde los
asuntos públicos eran cuestión de todos y que los avances en los derechos
humanos que se habían logrado, sobre todo en el siglo XX, no solo no
desaparecían o se cuestionaban, sino que se podía avanzar aún más en la consecución
de la libertad y de la igualdad de todas las personas.
Sin embargo, hemos visto cómo en los
últimos diez años hemos pasado de esa utopía a la más cruda realidad de: un
capitalismo salvaje, unos medios de comunicación manipulados y manipuladores,
políticos corruptos e ineptos, aumento de los conflictos bélicos con enormes
crímenes contra la humanidad, incremento de la desigualdad social y económica,
más desprecio al “otro”, donde las ideologías de ultraderecha avanzan. Lo que
supone una época de incertidumbre e intolerancia, y un gran fracaso moral de la
humanidad. Una vez más nos han quitado el sueño, nos han despertado a una dura
realidad.
Lo dos textos citados más arriba
nos ayudan a entender qué pasó en aquellos años y nos dan alguna clave para poder
comprender los momentos actuales.
La reflexión sobre el declive de los sueños colectivos y el auge de las desigualdades sociales en la última década es tan dura como necesaria. Los movimientos sociales y las utopías del pasado nos dejaron aprendizajes valiosos sobre lucha, resistencia y esperanza, pero también la advertencia de lo fácil que es perder terreno frente a intereses más grandes. ¿Crees que el arte, el activismo digital y la democracia deliberativa aún tienen el poder para reavivar ese espíritu de cambio, o necesitamos reinventar nuevas formas de resistencia?
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