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jueves, 27 de julio de 2017

Navarra: sus gentes y sus culturas

Una vez más he pasado unos días de descanso en Navarra, esta vez en la Navarra Media. Siempre que he estado en ese territorio me he sentido muy bien, me parece un lugar idílico, de paz y sosiego. He escogido como lugar de partida la población de Puente la Reina. Por sus calles medievales siguen pasando los que realizan el Camino de Santiago, pues aquí se juntan el camino aragonés y el francés; sentarse en alguna de sus terrazas y ver pasar el mosaico de personajes te traslada a tiempos pasados donde las gentes ya seguían esta senda para ir al fin del mundo (finisterra). Los motivos para hacer el camino son múltiples y variados, al igual que las gentes que lo hacen; lo mismo te encuentras a una alemana, que lo ha hecho ya tres veces por la admiración que tiene a los paisajes abiertos, que a unos jóvenes japoneses a los que les gusta la cerveza española y los toros.
 
En esta ocasión el recorrido ha ido desde la ciudad romana y medieval de Andelos a la ciudad de Estella, pasando por la fortaleza-templo de Artajona, la siempre atractiva Pamplona (Iruña) y el pueblecito de Alzuza. Pasear por esas calles romanas y medievales, admirando el paso de las diferentes culturas que han ocupado y vivido esos espacios es un placer inmenso. El conocimiento, las tecnologías, los valores, las creencias, los estilos de vida, los comportamientos sociales, las desigualdades, los poderes reales… se muestran constantemente; cuanto hemos avanzado y que poco lo hemos hecho, son mis pensamientos mutantes.
En Estella pasamos de la visita al templo cisterciense San Pedro de la Rúa, con su magnífico claustro, al museo carlista y al Palacio de los Reyes de Navarra. A este último accedimos para ver la muestra pictórica costumbrista de Gustavo de Maeztu, lo que nos permitió comparar su obra con la de Picasso, pero sobre todo vibrar con la fuerza de su pintura, tanto por el dibujo como por los colores empleados, así como conocer que su hermana María fue pionera del feminismo en España.
Otro de los lugares descubiertos en esta semana veraniega ha sido el museo de Jorge Oteiza. Otro inusitado placer, ya que allí logras conocer con más profundidad y rigurosidad su obra plástica y su personalidad. La búsqueda de lo oculto, de lo espiritual, fue el sentido de su vida profesional y personal; el abandono de la escultura y su introspección personal a través de la poesía ha sido un gran descubrimiento para mí.
Ya de vuelta a Toledo paramos en Burgos en el museo de la Evolución humana, allí cerramos el círculo de la vida con la mirada en la cultura más ancestral que se conoce al día de hoy, así como la vista puesta en que al final no somos más que células, genes o cromosomas jugando al azar.
P.D. Todo esto no hubiera sido igual sin la presencia de mi compañera Marta, con la que comparto mi vida.

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